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La Zona del Burro

Soy muy partidario de cualquier medio que facilite pasear por el campo con la mínima molestia y ciertamente sin motor. Canoas, esquís nórdicos, bicicleta de montaña o velero son mis medios de transporte favoritos. Todos ellos facilitan el tránsito por la naturaleza.

Los burros también, y nos permiten desplazarnos discretamente sobre colinas y valles como lo han hecho los peregrinos y nómadas a lo largo de los siglos. Viajar con burros es viajar en el tiempo y traspasar más lentamente un universo paralelo, “La zona del burro”.

Los vagabundos

Los burros además de llevar tu equipaje, te darán una grata compañía. Algo que no obtendrás de tu bicicleta más selecta o de unos esquís de última generación. 

¿Pero andar en burro son todo ventajas?

¡Calma!

A diferencia del mejor equipamiento deportivo, los burros tienen un cerebro que puede ser fuente de mucha confusión si no te has preparado un poco antes. Hay que tratar de entender al burro lo mejor posible. Si lo consigues, abrirás la puerta a un mundo de grandes aventuras.

Los burros son inteligentes. Cada burro es un universo por sí mismo que interpreta su propio personaje. Muchas de sus particularidades son predecibles, pero cuanto más lo conoces, más aprecias la singularidad de cada personaje. De sus muchas propiedades, la “terquedad” es probablemente la más famosa, pero es igualmente la más inmerecida.

Listo para el camino

Al acercarte a un burro con el que vas a pasar algún tiempo, debes tener en cuenta un par de cosas. Ya sea un burro viejo, joven, entrenado o no, va a tratar de despistarte para conseguir hacer el mínimo esfuerzo y comer lo máximo posible. Por ello, tu objetivo debe ser convencerle de que vale la pena participar en la expedición cuidadosamente planificada que ambos estáis a punto de emprender.

¿Como hacer eso?

Hay dos opciones

Recompensa y castigo

Las migajas de pan seco pueden ser una excelente recompensa. Puedes llevarlas en el bolsillo, de forma que los burros las puedan oler. Que las puedan oler es muy importante. Es suficiente con que ellos sepan que está ahí. La promesa de recompensa es una poderosa fuerza impulsora.

¡Evita la vara y mima al niño!

El hecho de que los burros lleven la carga te permite caminar con nada más que una vara larga de avellano. ¡Nunca he dado un varazo, pero sí uso palabras muy serias de vez en cuando: “desollaré tu perezoso culo si no CUMPLES EL PLAN!”

En definitiva, hay que imponerse un poco. Hallar al sargento que llevas dentro y cargarte de autoridad, “Arre, burro, arre. Mueve el culo, asno perezoso!”.

He descubierto que los burros son criaturas muy sensibles y que basta con recordarles de vez en cuando quién está al mando.

Las situaciones complicadas pueden surgir en cualquier momento, por ejemplo, ante lo que para ellos es un obstáculo, que es casi siempre predecible. Un árbol caído, un charco, un puente, un río, cantos rodados, un fuerte descenso, un cambio en el color del camino. Suelen ser los obstáculos más habituales que encontraremos por el camino y que pueden llegar a convertirse en un punto muerto si no sabes cómo afrontarlos. Pienso en Shrek tratando de persuadir a Donkey para que cruzara un rudimentario puente de cuerda sobre un abismo de lava. Eso es algo que ocurra todos los días por estos lares.

«Vamos, burro. Estoy aquí a tu lado, ¿de acuerdo? Soy tu apoyo emocional»

¿Crees que exagero?

Por ejemplo, estamos siguiendo una pista agrícola a través de las montañas después de la lluvia. El suelo está mojado y hay charcos.

¡PÁNICO!

No exagero. Algo tan común como un charco, para Momo, con quien he compartido un montón de paseos estos últimos siete años, puede suponer un obstáculo infranqueable. Todo el pan seco que lleves en el bolsillo no conseguirá hacerle dar un paso más. Y entonces te quedas ahí, enfrentado a un charco de terror. Hay que utilizar algunos trucos. Avanzas hacia el charco que burbujea en tonos relajantes y dices “es un charco. Mira no hay cocodrilos esta vez. ¡Fuera cocodrilos! ¿Que no estás seguro?” Haces algo de burbujeo a ver si rebajas la tensión. Y al poco tiempo, Momo da un paso adelante, cruzas el charco quitándole tensión y, antes de que te des cuenta, el charco infestado de cocodrilos apenas es un recuerdo.

Los burros no son tercos

De vez en cuando los burros se plantan dando a entender que no quieren seguir, pero siempre es por algún motivo. Habrá alguna circunstancia que haya cambiado y aunque no le des importancia, el burro, y todos quienes vamos con él, necesitamos parar un momento o dos para asimilar la situación y decidir cómo vamos a proseguir. Los burros siempre necesitan algo de tiempo para asimilar las situaciones nuevas. Solo una vez que se sientan convencidos de que es seguro proseguir, lo harán. Eso no es ser terco, es ser cauteloso.

Casi todos los problemas que encontramos en nuestras caminatas tienen la misma raíz. Incertidumbre sobre el terreno. Los burros son extraordinariamente seguros, pero también extremadamente sensibles sobre dónde ponen sus pies. Cualquier cosa que adviertan como un contraste visual repentino en su camino provocará la alarma. Charcos, pasos de cebra, espacios abiertos y cambios de color provocan esta incertidumbre. Sospecho que es porque no pueden ver distinguir bien la profundidad de los agujeros y creen que se van a “caer” dentro del charco, como si fuera un pozo oscuro y profundo.

Obviamente, Momo no cree que haya cocodrilos en los charcos, pero se pregunta cómo serán de profundos. ¿Va a caerse y le cubrirá hasta el cuello? Necesita saberlo de mí o de ti; necesita saber que todo está bien. Siempre con decisión.

Levantando acampamiento

Cuando comenzamos el día, suelo atar a los tres burros con las correas, brida con brida.  Pongo a Momo o Django a la cabeza. Matheu es un seguidor y está muy incómodo en posición de liderazgo. Curiosamente, tiene once años y es tres años mayor que los otros dos, pero las jerarquías de burros no parecen tener la veteranía en cuenta. Sospecho que tiene que ver con ser herbívoro.

Ato al burro principal con una correa en mi hombro y partimos. ¡En la primera hora más o menos van a ver que estoy dispuesto a tirar de ellos, que llevo una vara y que no tengo miedo a usarla!

En aproximadamente una hora, la tensión comienza a bajar y todos aceleramos el paso. Felizmente caminarán a 5 km / h, aunque hay que calcular una velocidad de alrededor de 3 km / h de promedio. A veces conseguiremos avanzar los cuatro en línea, sin un líder que marque el paso. Este es el punto ideal del trekking en burro.

Sin líder

Cuando estamos en movimiento, suelo soltar a dos burros y dejo solo a uno de líder. A partir de ese momento, los dos peones independientes trotan a su aire por la parte trasera y aprovechan para ir dando bocados a la vegetación del camino. Odian quedarse atrás. Matheu es el mayor delincuente. Se meterá en un rincón de hierba rica mientras el resto del equipo continúa por el camino. Hasta que se dé cuenta de que se ha quedado solo, abandonado, y regresará a la manada a todo galope, rebuznando en son de protesta.

El truco es mantenerlos en movimiento. Te vuelves muy bueno a la hora de detectar antes de tiempo los posibles obstáculos. Si consigues que sea el propio burro líder quien afronte el obstáculo, el resto lo seguirá. Hace poco, nos encontramos con un enorme charco fangoso en una cancela, así que decidí acelerar un poco con la intención de lanzar a Django por encima del charco. Pero cuando llegamos, la caravana se detuvo repentinamente. ¿Cómo se puede recuperar el ímpetu de la marcha?. Una vez detenidos, se abre un período de negociaciones serias. Como burro principal y capitán que soy de este pelotón, me estaba empezando a irritar con la tozudez de Django. Pero, no conseguía hacerle andar. 

Pasaron unos cuantos minutos antes de que me diera cuenta de que Django estaba mirando fijamente el tramo seco del camino que bordeaba el charco por el otro lado. En momentos como ese me doy cuenta de que el burro más terco ¡soy yo!

Un premio, por favor. ¡Hemos sido realmente buenos!

Así que vamos avanzando por colinas y valles. El bosque se extiende hasta el horizonte en todas las direcciones. La densidad de población es baja, pero encontramos algunos pequeños pueblos por estos valles y ermitas medievales en las colinas. Nos ofrecen refugio y se convierten en el punto de mira de nuestras andanzas diarias.

Esta es la zona del burro.

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